Las huellas del agua que brotan del arte
La historia comienza en 1969, el joven geólogo Luis Linares, que trabaja un par de meses como becario en Navarra, visita con otro compañero becario el monasterio de San Salvador de Leyre. Sentados al final de la nave central de su milenaria iglesia, los monjes empezaron a cantar. «En ese momento me di cuenta de que el Románico me había enganchado», confiesa.
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Susana Prieto Veguillas
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