Casi un millón de ciudadanos carece de suministro. Unas juntas vecinales con apoyo especializado afrontan el problema. A sus 65 años, Doña Luciana abre por primera vez un grifo de agua en su casa. Lucas, su nieto de unos cinco años, la mira sorprendido. Sus rostros reflejan la emoción de presenciar un acontecimiento que para gran parte de los latinoamericanos es un hecho cotidiano.
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